Y después qué.
Abandonados quedarán los campos,
las minas, como nueces huecas,
los ríos, ebrios de cianuro.
Nada brillará.
Sólo el oro ciego
en lejanos dedos.
Nada brillará.
Ni una sola pupila
entre millones de ojos negros.
Nada brillará
en el agua turbia,
sólo el fulgor del veneno.
Y después qué...
Después de arruinar el campo,
las minas
los ríos
los pueblos,
se marcharán los mercaderes ambulantes
a comprar y a vender a otros lugares
más oro ciego.
Y quedarán muy pocos en pie
recogiendo con furia,
los despojos de sus recuerdos.
Y quedarán,
después del expolio, exhaustos.
Y quedarán,
después del saqueo,
mucho más pobres
todos los pueblos.

Esta es la historia de una mina que nunca debió ser permitida. En vez de retener o guardar sus desechos tóxicos, la compañía minera decidió botarlos directamente en el río OK TEDI, en Papúa Nueva Guinea. Anualmente la mina tira decenas de millones de desperdicios tóxicos y desechos.
Esta mina ha destruido parte del río y dos mil kilómetros cuadrados de bosque tropical, suponiendo esto, además, una seria amenaza para la supervivencia de los pueblos indígenas.

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Datos de la autora

Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.

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