Náufragos repudiados
sobreviven en medio del mar.
Cuentan cicatrices
mientras esperan el salvoconducto
que les permita trabajar.
Nada que perder
migajas por ganar.
Aguardan, a la deriva,
masticando piojos,
bebiendo orina..
Son parias ofreciendo
sus vidas.
Pero aún así,
ni por sus jóvenes dedos,
ni por sus vírgenes sexos,
ni por sus niños sanos
autorizan el visado
que les permita besar tierra firme.
Envejecerán mirándose las manos,
envejecerán si son afortunados,
envejecerán si les rompen los candados
o morirán,
simplemente, observando la orilla
y los sembrados.
No muy lejos,
los funcionarios se niegan a redactar
permisos de entrada
hasta que los supervivientes
pierden la calma
y se arrojan, moribundos, al agua.
El portacontenedores noruego Tampa, después de acoger 460 náufragos afganos, filipinos y srilankeses planeaba hacer escala en Australia para dejarlos allí pero el gobierno australiano, amparado en el argumento de que ello crearía precedente ordenó que siguiera la ruta, incluso impidió a Cruz Roja subir a bordo para atender a los refugiados.
© Silvia Delgado Fuentes
Archivo del blog
-
▼
2007
(59)
-
▼
septiembre
(59)
- © Silvia Delgado FuentesImagen de tapa: © Albert W...
- A MANERA DE PRÓLOGO
- EPÍGRAFE
- ÁFRICA
- Todo es del amo blanco: el agua que reparto, el su...
- Turbas famélicas ciñen el hoyo de la última vez. H...
- Son hombres azules, pertenecen a la arena, al vien...
- Llueve. La humedad macera la tierra. El sepulcro, ...
- ¿Dónde estarán mis manos? – Me las cortaron con un...
- Pequeñas sombras reptan entre delirios buscando a ...
- Se han muerto de hambre mientras recogían café, mi...
- Tenía las manos frías y un temblor obsceno recorrí...
- Los traficantes atraviesan el zoco mientras hombre...
- La pobreza infecta mientras la usura gobierna. * *...
- ASIA
- Está el pueblo clavado en una cruz, un muro atravi...
- Nadie canta baladas en tierra seca. La muerte acer...
- Los escribanos anotan sobre la piel del mundo el s...
- Nacieron de rodillas, en aquella región donde llue...
- Padre, déjeme ir a la escuela, con el pelo corto o...
- Desapareció entre fríos uniformes. La calle está o...
- Amanece. La pobreza con sus mil piernas atraviesa ...
- Sin mácula. Prisión en la prisión de paredes blanc...
- Son demasiados para tener quien les nombre. Son cr...
- Cinco recaudadores de tributos negros repican camp...
- OCEANÍA
- Y después qué. Abandonados quedarán los campos, la...
- Sintió sangre recorriendo sus ingles por primera v...
- La riqueza, casi siempre, soborna a los inquilinos...
- Los muros arden, mis huesos abrasan la carne, fuer...
- Sobre las ruinas de mi pueblo el mar escupe sal, v...
- Náufragos repudiados sobreviven en medio del mar. ...
- Nadie quiere sanar piedras. Nadie quiere comer are...
- Con sus inquietos dedos: pulgar, corazón e índice,...
- La génesis del conflicto es simplemente el latroci...
- Sobre las ruinas del mar el viento se golpea el pe...
- AMÉRICA
- La bestia babea con deleite, camina revisando su d...
- Las ruedas chirrían. los carros van cargados de tr...
- Abren sus barrigas para arrojar desde el aire la p...
- El sacerdote anatematizado habla en la homilía dom...
- Sus plegarias fueron generosas, la letanía se inte...
- Llegaron las huestes del dios barbudo y blanco. Na...
- En la región amarilla, república del banano, a las...
- El barco verde pasea su indecencia. Abre el mar co...
- Dicen que allí nadie duerme tranquilo, que el llan...
- La morgue, en su inmenso regazo arrulla centenares...
- EUROPA
- Mujeres de adobe, cuencas vacías, manos sin huella...
- Al entrar en casa dejaban de ser hermanas. Nadie f...
- Sintió que el dolor la ocupaba para siempre como s...
- Canturrean estribillos, salmos oscuros dichos entr...
- La palabra tiene una seria mordaza. todo lo que di...
- Las cerraduras están oxidadas, las llaves cuelgan ...
- En todos los rincones del mundo parecen dormidos. ...
- Alguien, un día, se levantó siendo yo mismo. Contó...
- Un cíclope cuenta suspiros, servicial, anota parto...
- Arranca palabras, confesiones absurdas, que dios n...
- EPÍLOGO
-
▼
septiembre
(59)
Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada