“A Araia, toda mi nostalgia,
toda mi gratitud, toda mi infancia”
Llevas el hábito roído por la codicia,
paseas ocultando tu naturaleza de vulgar ramera,
dejas huellas de náuseas,
mordisqueas riquezas sin ser su propietaria
y ríes y cantas y bailas y obsequias
y repartes moral y lástima.
* * *
Con una mano masturbas,
con la otra diezmas.
* * *
Tus enaguas se arrastran por el asfalto
con suciedad de años,
no quieres cambiar el presente,
por eso alteras la historia,
decides aparecer en ella como una reina.
Sobre patrañas sólo se edifican infamias.
Los ropajes no pueden disimular miserias.
Tu piel lleva escrito millones de destinos.
Tu memoria desea olvidar los aullidos.
Tu silencio es tan asesino como tus delirios
y a pesar de todo esto
continuas el itinerario mortal
como si siempre fuera domingo
y bajo tus fastuosos andrajos
palpitan los pecados redimidos.
Eres la tierra putrefacta,
la vieja enferma,
la única puta,
eres la cruel y difícil paradoja.
Eres la gran impostora,
mujer fatal,
tu riqueza es nuestra deshonra.
© Silvia Delgado Fuentes
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Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
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