Pequeñas sombras
reptan entre delirios
buscando a otros niños
sin saber siquiera
quiénes son, exactamente, sus enemigos.
* * *
Cargan fusiles
y matan para seguir latiendo.
La violencia es un juego
donde se muere.
La violencia es un cíclope ciego,
la violencia exhibe su orgasmo
al pisotear cadáveres tiernos,
la violencia persigue
el éxtasis
de cuerdos y perturbados,
la violencia pasa revista,
soldados de talla menor
obedecen órdenes:
“fuego a discreción,
o mueres tú
o muero yo.”
Diminutos mercenarios,
habitantes del horror
marchan a la guerra
con armas de madera
y plomo en lugar de corazón.
Niños robados mueren en combate
mientras la violencia babea con deleite
y dios no es mucho más que un hombre corriente
un salmo olvidado, un predicador sin voz.

En Uganda algunos reclutas tienen tan solo ocho años y son enlistados por la fuerza, durante los ataques a los pueblos. Los niños son tratados con brutalidad y obligados a cometer atrocidades contra sus compañeros e incluso contra sus hermanos. Los que tratan de escapar son asesinados.
Para quienes viven en constante miedo, la violencia se convierte en un modo de vida...

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Datos de la autora

Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.

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