Canturrean estribillos,
salmos oscuros
dichos entre gritos,
entre cantos,
entre destrozos.
Balanceadas por ellas mismas
se arrancan las trenzas,
se dejan fornicar por la tristeza
hasta que sólo ella las gobierna.
Espantosamente huérfanas
agrietan el dolor
para que se derrame
mientras esperan unas lágrimas
que nunca se alejan.
Rincones ciegos
que dios no alumbra.
El ruido del silencio molesta,
por eso gritan sus cantos.
No hay domingos.
Ni postre.
No hay juegos.
Ni caricias.
Sólo tienen una vida
que nadie reclama.
Sólo tienen un cuerpo
que no puede estarse quieto.
Sólo tienen una voz
que tararea desgracia.
Sólo tienen golpes,
golpes dados cuando cantan.

En Bulgaria los niños con discapacidad mental son internados en hogares sociales como resultado de diagnósticos inadecuados. A los más discapacitados se les abandona el día entero en la cama, sin juguetes, ni actividades organizadas ni estímulos visuales. Cuando llegan a la edad adulta son incapaces de comunicarse con otros o de hacer nada por cuenta propia. Las condiciones físicas a menudo son crueles, inhumanas y degradantes. Muchas personas con discapacidad están alojadas en edificios en ruinas con frecuencia sucios de heces en las paredes, el piso y la ropa de cama. Elevado número de muertes por neumonía, hipotermia y desnutrición atestigua el abandono médico.

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Datos de la autora

Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.

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