Son demasiados para tener quien les nombre.
Son criaturas en un país alejado de la ternura.
Son mendigos extraños a los afectos.
Son los renglones torcidos que dios no quiso
Son príncipes con grilletes en los tobillos.
Son niños.
Sólo niños.
Nada más que niños.
¿Son niños?
Nunca fueron ladrones ni corsarios,
ni piratas ni bandidos,
ni héroes ni villanos,
ni valientes ni temerarios,
ni saltimbanquis, domadores ni payasos.
Nunca fueron niños,
la infancia es otro cuento.
Su juego es sobrevivir,
su juego es la esclavitud
su juego son los golpes,
los abusos,
la tortura,
la cárcel,
el olvido.
El único juego
de cualquier niño del mundo
debería ser la risa, por ejemplo,
por ejemplo, el canto
y no este macabro divertimento
donde los niños son cadáveres
antes de tiempo.

En Paquistán, los niños, con apenas siete años pueden ser condenados a muerte o encerrados en cárceles rodeados de adultos. Los más afortunados son obligados a vivir el resto de su vida en centros donde duermen en el suelo, sólo pueden salir al patio durante una hora al día y son sedados para que no molesten.
En febrero de 1998 había alrededor de 2700 menores privados de libertad sólo en la provincia de Punyab.

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Datos de la autora

Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.

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