La morgue, en su inmenso regazo
arrulla centenares de cuerpos.
La balada no cesa un segundo,
con sus brazos famélicos,
sus senos metálicos,
su sexo de mármol,
canturrea sin límite.
Tiene nombre de mujer.
Tiene útero.
Tiene sólo muerte en su preñez.
La morgue baila con mil miembros mutilados,
con mil heridas,
con mil torturas,
con mil niñas descompuestas.
Canta y baila
y baila y canta
y llora y canta
y llora y baila
y no hay nada que hacer.
La tragedia es fértil,
tiene nombre de mujer.
La morgue reclama aleluyas,
no cesa en su empeño,
aprieta los muslos
para que en ella no entren
más evas ni marías
pero de nada sirve
su simbólica rebeldía
esperarán, en la puerta,
hasta convertirse
en polvo, tierra o ceniza.
La policía registró en Guatemala 527 muertes violentas de mujeres durante el año 2004, un aumento respecto de las 383 ocurridas en 2003 y 163 en 2002. 175 de estas muertes fueron causadas por arma de fuego. 27 por arma blanca 323 debidas a otras causas. Estas categorías ocultan la naturaleza brutal de muchos homicidios en los que los cuerpos de las víctimas presentaban indicios de violación, tortura, desmembramiento y mutilación antes de la muerte.
© Silvia Delgado Fuentes
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Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
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