El barco verde
pasea su indecencia.
Abre el mar
como si fueran muslos,
avanza haciendo caso omiso,
muestra su cubierta
y esconde las galeras.
Allá hoy se recuerdan los gritos,
Las muescas de dolor.
El olor es nauseabundo
por la sangre y la ceniza.
Avanza con la seguridad
de quien se sabe impune,
el barco fantasma
guarda en su bodega
crímenes y tortura.
La nave,
escuela de verdugos,
arrojó por la borda
cientos de futuros.
Cascarón de desatinos,
barquichuelo purulento
pretende exhibirse por el mundo
pero cada puerto,
cada ola,
cada estrella,
recuerda el horror
nacido en sus galeras.
Desaparece, barco fantasma,
deja tu naufragio como estela.
Inmediatamente después del 11 de septiembre de 1973 el buque escuela “Esmeralda” fue utilizado por la armada de Chile como centro de detención y tortura. Los testimonios de que fue usado como cámara de tortura flotante son múltiples y coincidentes.
La “Esmeralda” no sólo es el barco de la muerte y la tortura según ha sido acreditado sino que también ha pasado a ser símbolo de las acciones criminales más siniestras que se hayan implementado nunca en los países hermanos del cono sur latinoamericano. Digan lo que digan, su visita anual a distinto puertos del mundo continuará siendo un baldón para Chile mientras los miembros de la armada no asuman su cobardía moral, reconozcan el uso criminal que se hizo del buque y pidan perdón por las víctimas martirizadas a bordo.
© Silvia Delgado Fuentes
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Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
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