Al entrar en casa
dejaban de ser hermanas.
Nadie fue testigo del crimen
de estas dos mujeres ancianas.
Un solo lecho,
sobre él,
dos cuerpos que no descansan,
dos mujeres que se aman
desde remotas infancias.
A la hora de la siesta
ellas recorren los montes
de sus geografías cercanas
y se reconocen en sus caricias,
en las ganas.
Se reconocen en el amor
con el que se aman.
Al entrar en casa
la edad olvida
que edifica fronteras
y ellas, las dos,
sienten poder
entre las sabanas.
Sin prisa,
se arrancan amarguras,
sin prisa, recobran carcajadas,
sin prisa despiden la farsa
para atravesar de la mano
el placer de ser mujeres
y de amarse como solo
ellas dos se aman.

En países como Rumania aún son frecuentes los acosos o agresiones verbales o físicas a gays y lesbianas.

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Datos de la autora

Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.

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