Sintió que el dolor
la ocupaba para siempre
como si fuera una espada
clavada en la espalda.
Sintió que su sueño
había sido de metal,
que las voces eran ciertas,
sintió el alarido de un pueblo
ahogado en el principio
de la raza
y caminó agarrando el útero de piel y paja.
Había, por los caminos,
más mujeres oscuras
con cicatrices entre los muslos,
morenas de largo pelo,
morenas de ojos negros,
morenas de pies descalzos
que deambulaban con un solo pensamiento.
No hizo falta ningún médico,
sabían que no serían madres
porque el horror las atravesaba
llegado desde muy lejos,
porque se miraban de frente
y se les secaban los pechos...
Hasta el amanecer
taconea desde entonces la luna,
los hombres afilan
su venganza
y las mujeres
rememoran inútiles canciones de cuna.
En enero 2003, la oficina eslovaca de Derechos Humanos y Minorías interpuso una denuncia para que se investigaran las prácticas de esterilización ilegal contra mujeres romaníes. Bajo el régimen comunista de la antigua Checoslovaquia, que tuvo su fin en noviembre de 1990, las mujeres romaníes eran empujadas a someterse a una esterilización tras tener muchos niños: en numerosas ocasiones se les ofrecían sumas de dinero para que aceptaran. Aunque discriminaciones raciales de este tipo están ya prohibidas las mujeres romaníes en la vecinas Eslovaquia han interpuesto quejas similares y un informe reciente ha concluido que a lo largo de los años 90, han ido apareciendo indicios de que la práctica de esterilizaciones coercitivas aún no ha terminado.
© Silvia Delgado Fuentes
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Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
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