¿Dónde estarán mis manos?
– Me las cortaron con un machete,
sobre una piedra, de un solo tajo.
– Me las cortaron porque con ellas
sembraba arroz en el campo.
– Me las cortaron porque el mejor ejemplo
es un cuerpo mutilado.
– Me las cortaron porque no hay dioses
en estos pagos,
ni orden
ni clemencia.
– Me las cortaron porque con ellas
ganaba el jornal de la decencia...
Porque era un campesino con ética...
...me las cortaron.
Porque araba con ellas conciencias...
...me las cortaron.
Porque sembraba insurgencia...
...me las cortaron.
Porque arrancaba obediencias...
...me las cortaron.
Porque recolectaba utopías frescas...
...me las cortaron.
Ahora uso mis dedos mancos
para señalar
dónde enterraron
otros miembros
cercenados.
Me las cortaron.
Aún hoy las sigo buscando.
Centenares de víctimas, - colegiales, amas de casa, campesinos, comerciantes, reciben atención hospitalaria víctimas de terribles amputaciones o intentos de amputación, heridas de bala y machetazos. A muchos les han cortado los brazos, los pies o las orejas. Las víctimas han contado que a las mujeres y a los niños los rodeaban y los encerraban en casas que luego incendiaban. Las mujeres han sido violadas y han sufrido otras formas de agresión sexual. Según informes de Amnistía Internacional a los hombres que se negaban a violar a miembros de su propia familia les cortaban los brazos a machetazos.
© Silvia Delgado Fuentes
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Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
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