Nadie canta baladas en tierra seca.
La muerte acerca su campana
y los que están en casa
escuchan sin deleite
nombre, lugar y fecha.
Nadie canta baladas en tierra seca
porque la muerte pasea su desgracia impenitente
y no hay tiempo de niñez
ni de adolescencias.
Se nace siendo viejo.
La muerte tiene allí su púlpito celeste
y en su homilía triste
dicta epitafios,
ordena cavar fosas,
señala a todos los presentes
y se cree profeta
porque sabe que van a morir...
...de pobreza.
La muerte hace bien su oficio
en tierras demasiado secas
y toca el hombro antes
de que brote el pelo cano
y es feliz con su túnica,
con su sexo candado,
con sus dientes largos.
Es feliz, maldita sea,
jugando a los dados
con niños, mujeres y hombres.
No existen en tierra seca los ancianos.
Desde hace siglos la situación geográfica y las riquezas de su subsuelo han convertido a Afganistán en una tierra codiciada por muchos.
Afganistán es uno de los principales productores de opio del mundo. Posee carbón e inmensas reservas aún no explotadas de gas natural. Es, además, la tierra de paso para el transporte de petróleo extraído del Golfo Pérsico.
A pesar de esto hoy Afganistán es uno de los países más pobres del planeta. La esperanza de vida no alcanza los 45 años y su nivel de analfabetismo supera el 70%.
© Silvia Delgado Fuentes
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Datos de la autora
Silvia Delgado Fuentes, España, 1968 | Nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes. Es autora de los siguientes libros de poemas: “Ángeles cotidianos”, “Y que hablen en mis palabras”, “No está prohibido llorar con los supervivientes”, “Las cuarenta chimeneas del infierno”, “Canción inútil para Palestina” y “Nanas de rodillas”.
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